sábado, 21 de febrero de 2015

Torres del Paine. 2015 (El Gran Viaje 31/43)

¡Q tal? ¿Cómo estáis todos? Os voy a contar una pequeña excursión q hicimos con el coche de alquiler hacia Chile.

Fue al Parque Natural de Torres del Paine q pertenece, como el Chaltén, al Parque Natural de los Glaciares. Para ello, la ruta q se coge es la del fin del mundo, y es q es así,  esa es la sensación q se tiene. Kilómetros y kilómetros de carretera recta, sin un pueblo, gasolinera, sin un árbol ni ningún tipo de vegetación; todo inhóspito.  El camino de ida fue bonito por el paisaje y por la fauna q nos fuimos encontrando: lo primero fueron guanacos, similares a las llamas; después vimos ñandúes, y la mayor alegría, ver cóndores en vuelo.

Para llegar al parque, hay también mucho recorrido de camino de ripio, como ellos llaman a los caminos de piedra. Ya de lejos, pudimos ver el macizo montañoso e intuir la grandeza de las  las dos Torres, pues el día no nos permitió verlo sin nubes. Una vez dentro del parque el recorrido q hicimos fue en coche, por ripio todo el rato, con paradas en distintos miradores y una ruta de dos horas y media caminando, para acercarnos a la montaña, concretamente, a lo q llaman los cuernos del Peine, q realmente simulan por la diferencia del color de la piedra y la forma de sus picos.

El día acompañó poco por el fortísimo aire q había. A veces era difícil avanzar y levantaba mucha arena y piedra. Por esto la marcha q hicimos fue bonita, pero desagradable y acabó de manera muy inesperada. Ya de vuelta, caminando cuesta abajo, Luis y yo de la mano, una ráfaga de viento nos empujó a correr, no podíamos parar, hasta q finalmente nos tiró y arrastró por el suelo. Luis se levantó rápido, sin un rasguño; yo me golpeé por muchos sitios, codos, rodillas, manos, cadera y hasta nariz. ¡No lo podíamoa creer!. Cuando Toñi y Diego nos vieron llegar, no daban crédito. Habían hecho la marcha con nosotros, pero se habían adelantado hacia los servicios de un pequeño café. El viento no nos dejaba ni abrir las puertas del coche para montarnos. Así q, es verdad, el viento tira a la gente, pero según nos dijeron, también el ripio hace patinar y volcar, con cierta frecuencia, coches. La zona es muy ventosa y los lugareños están acostumbrados a estos vendavales y ráfagas; no se extrañaron cuando les contamos lo ocurrido y enseñé mis heridas, y ¡eso q iba con camiseta y pantalón térmicos, sudadera y abrigo de plumas!. En fin, una aventura para contaros, aunque un poco incómoda para los días venideros. Lo único bueno: no podré lavar la ropa durante unos días! Menos mal q tengo a Luis y él se encargará de estos menesteres y de cuidarme!!.

Tras esta pequeña incidencia, volvimos al pueblecito donde teníamos el hotel, Puerto Natales, tras otros 80 o 90 Km de ripio. Consejo para los q quiera visitar este parque: coged hotel dentro del parque, dedicadlo al menos dos días para rutas y .... ¡llenaros de piedras los bolsillos!

Besazos a todos

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